¿De que me servía a mi, malvado y esclavizado entonces por mis pasiones, haber tenido y comprendido sin ayuda de nadie todos esos libros de las artes liberales que iban cayendo en mis manos? Estaba de espaldas a la luz y de frente a los suspuestos objetos iluminados.
Por eso mi rostro veía las cosas iluminadas, pero él se quedaba oscuro.
Ahora, Dios mío, no me avergüenzo de confezar tus misericordias para conmigo, ni de invocarte, aunque haya ladrado contra ti.
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