Sentada junto a la ventana de nuestro fracasado transantiago, me pongo a observar los rasguños del que suele ser nuestro cielo azulado. La noche está llegando y es extraño, es un manto rojizo que cubre la azulada tarde dejándola rasgada de líneas cada vez más oscuras, me pierdo en algunas extrañas estrellas que asoman tímidamente entre ellas, borrosamente aparecen unas, mientras otras son cubiertas por aquellas nubes de color ladrillo. Vuelvo en un segundo nuevamente al interior de la micro, de un vistazo miro de nuevo a la gente y a mi lado una señora que desde que se sentó no a dejado de maquillarse, rubor, polvos, lápiz labial. A veces me pregunto, ¿para qué tanto maquillaje? ¿Acaso natural no se verá mejor? En fin, ella sigue maquillándose y me quedo mirando por un segundo como se desliza el negro lápiz por sus ojos dejando una fina línea negra. Delante de mí una pareja joven, con un bebe de no más de un año, ¿Niños jugando con muñecas?... vuelvo a mirar hacia afuera, el cielo está totalmente rojizo, y me pierdo en aquel horizonte que poco a poco se torna oscuro. ¿Disculpe? Me hablan por mi hombro. -¿si?- respondí. -¿Esta micro me deja en santa Ana?- .
-Ahí es donde me bajo respondí- Volví a colocar mi audífono y seguí escuchando la misma música de siempre, suena a rutina, pero cada día me doy cuenta de que esta música me llena más que cualquier otra cosa y mientras analizo su letra, comienzo a recordar…
Pareciera que fue ayer cuando no veía ninguna salida a todo lo que pasaba y lo único que quería era estar perdida en aquel infinito azul oscurecido por las nubes -Sonreí- no, no soy tan débil como para haberme quedado allí por siempre, la vida te deja descubrir nuevas cosas dándote como lección que siempre después de algo malo, aunque tarde, llega algo bueno.
-Suena el timbre de la micro, que me saca de mis confusos pensamientos-
-Permiso- le dije a aquella mujer que aun seguía maquillándose a mi lado, movió sus piernas hacia un lado y baje de aquella micro.
Me quede parada por un minuto sintiendo aquel frio de la noche, ese aire helado jugar con mi cabello dejando mis mejillas frías, crucé sin mirar hacia los lados, como suelo hacerlo siempre, y entre a otro desastroso lugar, el metro. Rutina, rutina, rutina, conozco este metro como la palma de mi mano, gente de pie, gente sentada inconsciente de de algunas personas que están de pie que si necesitan sentarse, nunca cambiaremos.
Veo pasar las luces del andén, una tras otra y un fuerte golpe me hace saltar, el metro en dirección contraria y el viento dejando aquel molesto movimiento en la puerta que estaba apoyada, una y otra vez.
Eres un gritón molestoso, pero te quise así. Estas en mi vida haciéndome sonreír. Te veo ahí parado con una estúpida sonrisa mirándome fijamente mientras torpemente bajo las escaleras, me puse frente a ti aun con timidez, porque quiero que esa chispa nunca se apague.
No me considero una buena persona, ni menos una mala, pero sé que hago daño a los que me rodean, como a mis amigos. Suelo no prestarles atención y dejarlos de lado, especialmente a uno, pero yo se que él sabe que lo quiero, que lo adoro y que lo amo y hay veces en las que me gustaría decirle cuanto lo siento, que no quiero que se aleje de mí, porque solo el verdaderamente a estado en las buenas y malas, mientras yo lo dejaba de lado por algo que no valía la pena. Me perdono una y otra vez y sigo cometiendo errores…
Simplemente no soy perfecta, aunque lo intente, nunca será asi…
